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11 de octubre de 2008

Marxuquera, en vías de desaparición



Desde hace algunos años, el Ayuntamiento de Gandía viene realizando una serie de obras, reformas y modificaciones en las viviendas que componen la comunidad de Marxuquera. Las iniciaron en la parte Alta y han ido descendiendo hasta llegar a las postrimerías del valle, casi en contacto ya con la ciudad. Su objeto es adecuar las características de tales viviendas a las habituales en el siglo XXI, dado que muchas de ellas carecen de luz eléctrica a 220V, agua corriente y desagües acondicionados, entre otras singularidades, propias más bien de principios de la centuria pasada. La mía es, precisamente, una de ellas.

Marxuquera es, como ya he dicho en muchas otras entradas, un peculiar paraíso. Y lo es por infinidad de razones. Es fascinante echar a andar partiendo de la urbe y en pocos metros pisar ya un terreno agreste y difícilmente domesticable. A tu derecha ves montes de casi mil metros de altura, a veces nevados, y a la izquierda adviertes el mar mediterráneo; desde Marxuquera ambos parecen fusionarse. Las casas más antiguas se edificaron hace casi cien años, y su estructura es tan sólida que crees que aunque pasen milenios seguirán en pie. Dentro de su cuerpo de cemento hay enormes bloques de roca, que impiden la intrusión del ruido de la sonora, y demasiado cercana, autopista, que rompe en dos el valle en su tramo inicial. En invierno, cuando el frío y la humedad inundan el ambiente, cierras puertas y ventanas y por mucho estrépito que generen los degenerados al mando de sus potentes vehículos no oyes más que un rumor débil e insignificante, que parece más el aliento de la propia casa al respirar. Aunque Gandía entorpece cada vez más su visión, es aún posible contemplar las estrellas bajo el Molló de la Creu o desde Santa Marta. Y, en noches veraniegas, puedes pasear a la luz de la Luna sin tropezar con asfalto fresco en bastantes kilómetros a la redonda, en casi total oscuridad. Éstos son, sólo, unos pocos de los atributos que posee Marxuquera, y quienes los amamos los consideramos como propios, identificativos de su carácter especial, y también del nuestro.

Suelen esgrimirse razones medioambientales para la urbanización de Marxuquera. Se aduce, por ejemplo, que es necesario construir un sistema de desagüe dado que muchas de las aguas negras van a parar a pozos, que pueden contaminar los depósitos subterráneos. De acuerdo, es justo. Se quiere transformar el tendido eléctrico para que soporte las tensiones "modernas", abandonando por tanto los clásicos 120V. Esto me parece más discutible, pero comprendo a las gentes que deseen instalar una estufa o un aparato de aire acondicionado y hasta hoy han necesitado de incómodos transformadores para hacerlo. No obstante, también cabe señalar que la tensión actual es extremadamente económica, mientras que la luz a 220V es, naturalmente, mucho más cara.

Por otra parte, hay un par de remodelaciones que me parecen directamente excretables: se trata del acondicionamiento de caminos particulares y del alumbrado. Esto expele un tufo muy a "nuevos ricos" y que, en parte, puede dar al traste con la idiosincrasia de Marxuquera. Veamos: el camino principal de entrada a mi vivienda, el Camí Racó de la Creu, recorre casi todas las casitas y chalets de nuestra rama comunitaria. Una de las bendiciones de la mía es, precisamente, quedar al margen de ese sendero principal (por el que, naturalmente, circulan coches, motos, camiones, etc.), y comunicarse con él sólo con una estrecha vía de tierra, situada entre naranjos. Pues bien, la idea es ensanchar dicha vía con el fin de que por ella quepan los vehículos. Esto, para mí, no sólo no es necesario, sino totalmente carente de sentido: no quiero que los ruidosos coches o ciclomotores transiten justo al lado de mi casa; no hay ganancia alguna, no mejora mi calidad de vida, al contrario. Si no me beneficia, ¿tengo que consetirlo, teniendo en cuenta que, además, somos los propios ciudadanos los que corremos con los gastos de las obras? ¿No será, pregunto, esta decisión consecuencia de la insistencia de ciertos pudientes residentes que exigen tener sus lujosos vehículos cerca de su casa?

Otro punto es la iluminación. También da la impresión de que aquí influyen, por lo menos, aquellos que no comprenden, o no les importa, que Marxuquera siga siendo lo que es. El alumbrado que existe ya en la parte Alta y en zonas de la Baja, es exageradamente desproporcionado para la cantidad de habitantes y edificios presentes. No necesitamos mayor número de luminarias que las imprescindibles, a no ser, desde luego, que nuestras posesiones sean suficientemente valiosas y temamos la llegada de los ladrones. Sin embargo, siempre he creído que, del mismo modo que cuando aumenta la presencia policial aumentan los robos, si nos excedemos en la iluminación, bajaremos la guardia, no tomaremos las precauciones necesarias... y nos birlarán hasta las cortinas. La iluminación excesiva deslumbra y nos hace perder las estrellas, las únicas luces que de verdad es gozoso observar. Además, supone un gasto municipal importante, y las típicas farolas o "globos" ni siquiera brindan luz al suelo, sino que en su mayor parte se escapa al espacio en las alturas.

Hay una diferencia importante entre mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, algo que todos queremos, imponer unas medidas innecesarias completamente, y exigir a dicha ciudadanía unas obras que, en el mejor de los casos, urbanizará una región rural y agrícola única, por sus especiales características y sus propios valores, y en el peor, vaciará los (ya bastante) maltrechos bolsillos de los habitantes de Marxuquera. El error está, precisamente, en tratar de trasladar esos valores urbanos, las ventajas y adelantos propios de una urbe, a la zona rural, con el fin de equiparar ambas, como si fuesen dos ámbitos geográficos cuyos residentes buscaran lo mismo. Y no es así. O no debería serlo; en Marxuquera debe primar el descanso, la vida reposada, el silencio, la oscuridad y la diversión respetuosa con los demás. Y no porque yo lo diga; son los atributos que definen a Marxuquera, como bien saben los gandienses.

Me pregunto hasta dónde llega el deseo municipal por solucionar problemas, dotar de mayores servicios y ofrecer facilidades a los ciudadanos, y dónde empieza ya la avaricia y usura, obsequiando a ciertas empresas con el monopolio de las obras. No sé en qué lugar está el límite entre lo uno y lo otro, si es que existe.

La dificultad, el obstáculo y el dilema para todos nosotros no lo constituyen las obras y reformas, su coste (poco asumible para quienes no disponemos de amplio capital), o el tiempo que durarán, sino el carácter obligatorio de las mismas, la imposición del Ayuntamiento y las amenazas, declaradas y explícitas, de que si no sigues el juego, quedas fuera de la partida. Esto es, si reniegas de las obras, si te opones a su realización, te expropian tu vivienda, y con ella, parte integral de tu vida. Así de fácil, así de simple.

"Marxuquera en peu de guerra" era uno de los numerosos carteles que colgaban de las vallas y alambradas de la zona. Es una incitación a rebelarse, a no dejarse vencer. ¿Habrá que colocar un cuchillo entre nuestros dientes y armarse hasta los codos para defender nuestro patrimonio? No dudo de que las obras ofrecerán beneficios que ahora no disponemos, de que mejorarán aspectos que hoy son deficientes y que dentro de diez años ya casi nadie recordará esta polémica. Y, sin embargo, creo que hay otra forma de hacer las cosas, un procedimiento más consensuado y libre, en función de la disposición económica, las necesidades reales y los requisitos medioambientales, adaptando cada obra específicamente a cada hogar.

Así lograremos que cada uno de nosotros acepte, incluso gustosamente, las remodelaciones pertinentes, que veamos dichas obras como un bien y un fin en sí mismas, no como símbolos de la codicia de un ayuntamiento adulterado por el beneficio y cegado por el poder de llevar a cabo lo que se le antoje, y sobretodo, conseguiremos disfrutar de Marxuquera durante muchos años más, degustando su carácter tal y como hemos hecho en las últimas décadas; sin artificios, sin remozos superfluos, con el sabor añejo y tradicional de una tierra mágica.

2 de septiembre de 2005

Tierra sólo hay una



¿No vale la pena conservar esta maravilla cósmica llamada Tierra?
¿No es un privilegio vivir en este planeta?
¿No hay nadie que se preocupe por ella de verdad?
¿Quién será el adalid de la verdadera ecología, pura y sin artificios?
¿Cuándo empezaremos a entender que, aunque a veces vivamos en mundos distintos, en realidad tenemos un sólo mundo para todos nosotros?
¿No es ya la hora de preservar el legado y protegerlo para el futuro?

Nada hay en el Universo conocido tan bello como nuestro mundo; miremos hacia donde miremos, no encontraremos ningún otro cuerpo tan majestuoso como este pedazo de roca rodeado de nubes y agua. No es chauvinismo, es pura objetividad. Así que, ¿por qué no cambiar hábitos, costumbres y métodos ya desfasados y reconvertir la Tierra en nuestra amiga, en lugar de nuestra enemiga al pensar que no nos brinda suficiente comida o que nos mata y destruye con sus desastres naturales?

Ella lo desea desde el principio. Ya ha esperado demasiado tiempo.

30 de agosto de 2005

¿Y si 'Katrina'...?



... hubiese asolado la costa de Senegal, o de Guatemala? ¿Cuántas vidas humanas habrían desaparecido bajo su azote? ¿Tendría la misma resonancia en los medios de comunicación? ¿Habría una tan alta intensidad informativa planetaria ante este desastre? ¿Hubiera sido posible una evacuación tan rápida y efectiva? ¿Por qué no se realizaron estas evacuaciones en los casos de otros desastres naturales, como el 'Mitch'? ¿Falta de previsión, de medios económicos o de interés?

Centroeuropa ha sufrido unas inundaciones impresionantes hace sólo unos pocos días; se informó, sí, pero aunque estoy un poco desconectado de la tv y de los periódicos en estos días, me parece mucho más exagerado el caso actual del 'Katrina'. No es ya cuestión del número de víctimas (muertes son todas igualmente trágicas y reseñables), sino de trascendencia informativa sobre algo que, en el mejor de los casos, no es más que un ciclón tropical (eso sí, de gran magnitud, al menos antes de llegar a tierra). Obviamente, el estudio de este tipo de fenómenos reporta un mejor conocimiento sobre su formación y evolución, y con ello podemos tener más preparación ante sucesos semejantes futuros.



Pero... ¿servirían de algo esos conocimientos en Senegal o Guatemala sin la dedicación y la necesaria dotación económica cuando tuviesen lugar? ¿Qué provecho pueden tener datos científicos para la previsión de desastres naturales si la población o, mejor dicho, los gobiernos que controlan esa población no ponen nada de su parte para evitar las tragedias derivadas de tales desastres?

28 de agosto de 2005

Mundo creciente, ¿humanidad creciente?



Parece la Luna creciente, pero es en realidad nuestro propio planeta visto en 1996 a través de las cámaras del satélite GEOS-8. Ésa es una de las beneficiosas aplicaciones de la astronáutica; ofrecernos una visión más amplia, con una mayor perspectiva, acerca de nuestra situación en este vasto Cosmos. Siempre me ha parecido increíble (y a veces imposible...) que todo aquello que denominamos humano haya tenido lugar dentro de esta esfera de luz apenas insinuada. Todo absolutamente. Con tiempo, y con otros mundos como el nuestro que podemos colonizar y aprovechar (con sabiduría...) en un futuro remoto para beneficio de la Humanidad, ¿qué nivel alcanzaremos, qué metas superaremos y qué nuevos retos nos esperarán más allá de nuestra pequeña y querida (por algunos, al menos...) morada terrenal?

Si somos sabios, tenemos toda una eternidad por delante y todo un Cosmos para descubrir y amar. Sólo es necesario el hálito del sentido común, de la solidaridad y de la valentía humana para que ello sea posible. Somos insignificantes a ojos de las estrellas, pero estamos en condiciones de decidir nuestro futuro, y con un poco de esfuerzo y respeto hacia nosotros mismos, lograremos muchos objetivos que hoy en día nos parecen irrealizables.

Amemos a nuestros semejantes, a las estrellas, y que empiece el espectáculo del ser humano como un auténtico ciudadano del Cosmos. Es, aunque no lo parezca, el momento idóneo para ello.

2 de julio de 2005

La morada del hermitaño



Gracias a los mapas por satélite del Google (una novedad que os recomiendo utilizar, es verdaderamente asombrosa...), he obtenido esta sugerente imagen de mi morada terrenal, entre las montañas y el mar. Vista así, desde las alturas, aún me parece más bonita y, por ende, más triste, visto lo mal que estamos haciendo aquí las cosas para mantenerla como es.

Parece que lo que ahora se lleva es construir, no conservar, y el futuro se presenta cada vez más transformante, más cambiante y mutante. No sé qué será de mi morada actual dentro de unos años. No sé en qué se convertirá cuando me salga barriga y me quede calvo (espero que ambas cosas no sucedan... por Dios!), pero es que en los días actuales los fantasmas de la especulación están haciendo su agosto y nadie parece querer pararles los pies... con lo fácil que debe ser.

Si "la Comarca" (como decían aquellos inolvidables 'hobbits') deja de ser como es tendré otra prueba más de la enorme e insaciable capacidad del hombre (y de la mujer en menor grado) por hacer, de algo paradisíaco y maravilloso, un estercolero de cemento, ruido, mogollón y aburrimiento. Ya he visto muchos sitios así, manipulados grotescamente por la mano humana, y la verdad es que son angustiantes. Espero que ello no le suceda, al menos, a este trozo de tierra perdida entre la inmensidad del mundo azul llamado planeta Tierra.

(http://maps.google.com/maps)

1 de julio de 2005

Agua... aquí y allá

Sumidos como estamos en este crudo verano, seco y angustioso, los gobernantes se afanan a meterse presión entre ellos antes de que empiecen sus vacaciones. Entonces les importará una mierda lo que le suceda al país, pero hasta ese momento intentarán marcar al electorado con un posible golpe de efecto que deje buen sabor de boca.

El Consejo de Ministros ha aprobado hoy transvasar la nada despreciable cantidad de 82 hectómetros cúbicos desde el Tajo hasta el Segura para paliar los efectos de la sequía (presente e hipotéticamente futura) en esa zona (sobretodo Murcia). Días antes, el gobierno de Castilla la Mancha hacía públicas argumentaciones gráficas (o sea, unas cuántas fotos) en las que, al parecer, demostraba que en Murcia había una enorme cantidad de balsas de riego, llenas a rebosar en su mayoría, y que en conjunto significaban 200 hectómetros cúbicos de agua. Murcia responde que esas balsas son empleadas para modernizar los regadíos y el riego por goteo de la zona. Y aquí viene el meollo: Castilla la Mancha acusa a Murcia de mentir sobre el estado de sus reservas, y Murcia acusa a Castilla la Mancha de falta de solidaridad; es decir, la misma verborrea asquerosa y pueril de siempre, obviamente amplificada por la rivalidad entre ambas comunidades (Castilla la Mancha-PSOE y Murcia-PP).

Y esto es lo que da ganas de vomitar: que el problema del agua no sea un problema de todos, al que tengamos que hacer frente común, sino que unos y otros se metan en una discusión sin sentido y estéril simplemente porque son de bandos políticos opuestos. Este tema debe estar por encima de todo ello. Murcia debería pensar en fomentar menos campos de golf y urbanizaciones (y cuando digo Murcia amplío a toda la cuenca mediterránea) e intentar orientar el turismo hacia otras alternativas, y Castilla la Mancha debería ser más abierto y no creer que está en posesión del agua, porque el día que le falten hortalizas y frutas le pedirá solidaridad a Murcia para que se las sirva.

Más allá de esta disparatada y vacía contienda, está lo que importa: el agua. Ese líquido elemento del que ya he hablado en esta morada en más de una ocasión, y sobre el que seguiré disertando en el futuro, porque él es quien mueve todo. Lo que no soporto son las falsas y sectarias afirmaciones de 'ese' partido (al menos en Valencia) en el que, al parecer, todo el agua que falta va a ser destinada al riego, a la agricultura, a la producción de alimentos. Eso no me lo trago, porque al partido de marras (también lo haría el otro, estoy casi seguro) la agricultura le importa un bledo, lo ha demostrado sobradamente en el tema de las naranjas y de las subvenciones. Así que no me vengan con campos secos y árboles frutales inertes porque lo que a ellos les mueve es utilizar el agua, esa simple y preciosa molécula, en usos mucho más lucrativos, absurdos y turísticos. De pruebas y evidencias al respecto las hay por todas partes a nuestro alrededor. Quien dude de ello que lea periódicos: no puede ser más obvio.

Y termino con una nota astronómica (no podría ser de otra manera...): en el Cosmos el agua es un bien escaso; mucho más que en la Tierra. De hecho, en todo nuestro Sistema Solar no hay ni un sólo sitio (y eso que tenemos a nuestro lado 8 planetas y más de 120 lunas, por ejemplo) donde podamos encontrarla en estado líquido. Y más allá, en la lejanía espacial allende los límites de la influencia solar, resulta harto complicado hallar agua en grandes cantidades, excepto en nubes moleculares y regiones galácticas muy concretas.

Es decir, que al final resultará que la lucha por el agua puede sobrepasar las fronteras de nuestro pequeño mundo y, el día de mañana, ser motivo de guerras interestelares... . Quién sabe.

http://www.elmundo.es/elmundo/2005/07/01/ciencia/1120204904.html
http://www.elmundo.es/elmundo/2005/07/01/ciencia/1120225474.html

20 de junio de 2005

Graciosos japoneses

Los japoneses son la pera. Tan graciosos y sorprendentes como ellos no hay nadie a lo largo y ancho en este mundo azul. Y si no lo creéis, recordad la noticia aparecida hace unos días: se quitan el traje y la corbata, vistiéndose cómodos y, en algunos casos, de 'sport', y además apagan el aire acondicionado. ¿Por qué? Para cumplir con el protocolo de Kyoto en materia de emisiones contaminantes.

No voy a discutir la conveniencia o no de esta medida, porque depende del grado de cinismo y de sarcasmo con que uno la mire. Lo que me revienta es que Kyoto, por fin aprobado, está dando muchos dolores de cabeza a mucha gente (este ejemplo de los japoneses es uno más, pero hay otros más drásticos y complejos), y todo para reducir, como mucho, un 6% de las emisiones respecto a los valores de 1990. Un 6%, compañeros: no es que critique esta rebaja, me parece bien, pero es innecesario ser un lumbrera para comprender que ese 6% es absolutamente insuficiente para cambiar algo. Hay quien piensa que con el protocolo de Kyoto vamos a parar el cambio climático (si existe, y si es debido a la acción humana, lo cual no está aún claro del todo...), y eso es ridículo. Sería como mínimo imprescindible una rebaja del 20 o 30% para empezar a 'notar' los efectos. Con un 6% no vamos a ninguna parte, aunque mejor ello que nada, por supuesto.

Japón quiere cumplir con Kyoto haciendo pasar calor a sus empresarios, hombres de negocios, políticos y demás fauna, y me parece estupendo. Pero, ¿no podrían abandonar sus limusinas Mercedes por bicicletas, o incluso mejorar el sistema de climatización disponiendo de despachos más pequeños? Eso es lo que me preocupa: que cuatro peces gordos apagan el aire acondicionado y se creen, con su sacrificio, que ya están cumpliendo con los compromisos medioambientales. Y una mierda. Sólo están dando una buena imagen internacional, pero el trasfondo sigue siendo el mismo: les importa un comino la Tierra, el medio ambiente, las emisiones o los recursos del planeta.

Pues sí, son muy graciosos los 'japonenes'... .

14 de junio de 2005

El precio de la exploración espacial

Ya que estos días ando metido en asuntos medioambientales, hoy me voy un poco más lejos e informo, a aquellos que lo desconozcan, que pese a las glorias de la exploración espacial (por ejemplo, lo que comentaba en el anterior post), el ser humano se las ha ingeniado para contaminar también allende la Tierra. Parecería un chiste de mal gusto, si no fuese porque es un hecho muy real.

Pensemos en un sólo dato: en el espacio ha habido 160 explosiones registradas desde hace 45 años. El resultado de estas explosiones (las cuales suceden por muy diversos motivos) es la multiplicación del número de restos que orbitan la Tierra; donde antes sólo existía, por ejemplo, un satélite, ahora hay una multitud de pequeños fragmentos que giran sin parar y, al coger velocidad, pueden causar un verdadero drama si chocan con algún otro instrumento valioso.

¿Alguien se atreve a calcular cuántos objetos observables hay en el espacio cercano a la Tierra? Pues algo así como 26.000. Hay todo tipo de fragmentos, grandes o pequeños, de materiales blandos o duros, y cuyo origen se remonta a la puesta en marcha de satélites, a desprendimientos de elementos de éstos, etc. Además, seguramente hay unos 100 o 150.000 más de un tamaño diminuto (menores que unos pocos centímetros), que al impactar con un satélite`, por ejemplo, pueden dejarlo inutilizado.


La basura espacial Posted by Hello

Los satélites que ya no funcionan son generalmente desintegrados en la atmósfera, pero muchos otros se quedan allá arriba, y por colisiones con otros objetos van perdiendo parte de su "cuerpo", de modo que la basura aumenta sin parar. Además, todos los que están involucrados en el programa espacial (de cualquier país, eso es lo de menos, porque es responsabilida de todos, no sólo de EEUU y Rusia) saben de este problema, y diseñan (un ejemplo es la Estación Alfa, que dispone de escudo protector) los instrumentos y satélites para disponerlos en una zona 'limpia' del espacio cercano a la Tierra. ¿Ésa es la solución, largar los satélites hasta la quinta puñeta, o ponerles un escudo para que no sean inutilizados por la basura que tan negligentemente hemos enviado hasta allá? Nadie se ha dedicado en cuerpo y alma a intentar solucionar este desaguisado, y me parece gravísimo.

Tenemos también el ejemplo de otros mundos; la Luna, Venus y Marte han sufrido ya nuestro deseo contaminador, al enviar por ejemplo módulos lunares que se han posado en la superficie y allí se han quedado, para la eternidad, junto con algunos recuerdos un tanto intrascendentes que los astronautas del Apolo depositaron (pelotas de golf (creéroslo...), fotos, etc.). En Venus y Marte hay ya un rosario de distintas naves que, bien por errores bien por decisiones humanas, se han convertido en chatarra sobre esas superficies vírgenes tan interesantes.

Así que volviendo al tema medioambiental, si no sólo hemos transformado la faz de la Tierra, modificandola a nuestro gusto temporal y superficial, sino que además ya estamos haciendo lo mismo con el espacio más allá de nuestros límites terrestres (y ello que apenas hemos iniciado su exploración), e incluso nadie se preocupa por la cuestión y nadie busca soluciones, ¿quién puede confiar en el ser humano? ¿Quién está dispuesto a darle otra oportunidad? ¿No merecemos todos (pero sobretodo aquellos que lo aprueban, aquellos que aceptan los retos y nunca piensan en el después) una buena patada en el culo? De acuerdo, hacemos mal las cosas en la Tierra, pues joder, ¡tengamos un poco de sentido común y no volvamos a meter la pata cuando salimos de ella!... pero no, de nuevo ofrecemos al Cosmos la de arena, nuestra parte más insensible, asquerosa y repudiable.

Hay días que me dan ganas de dar una paliza a la especie humana y, repito, especialmente a los que no mueven un dedo, pudiendo hacerlo, para cambiar las cosas. Ya me gustaría a mí ser quien dispone de los millones de los contribuyentes, buscaría las mentes más privilegiadas para solucionar, al menos, este disparate. Otros las emplearían en otras cosas, yo lo haría en esto: ¿de qué diablos nos sirve mirar hacia arriba y entrar en contacto con el Cosmos si no somos capaces de respetarlo? Lo dicho, merecemos una buena patada en el culo.

6 de junio de 2005

Los cambios del 'progreso'

A hilo de lo que comentaba ayer, en El Mundo se han publicado unas cuantas imágenes por satélite de los cambios en la fisonomía de nuestro planeta debido a la acción humana (http://www.elmundo.es/fotografia/temas/ciencia/2005/06/atlasonu/index.html). Es muy ilustrativo de lo que es capaz el hombre en sólo unas pocas décadas. Las dos fotos que muestro a continuacíón corresponden a la zona de Almería y a Las Vegas (EE.UU), respectivamente y, como casi siempre, valen más que mil palabras. La transformación sufrida en ambos casos es drástica, exagerada teniendo en cuenta que entre cada par de fotografías han pasado menos de 30 años. ¿Qué imágenes de nuestro mundo veremos dentro de 30 años? ¿Seguiremos expandiéndonos sin cesar, destruyendo y modificando la faz de la Tierra? Tal vez los cambios del futuro sean a mejor, pero viendo lo errados que hemos ido hasta ahora, quizá sea pedir demasiado.


Los cambios de la evoluci�n Posted by Hello


Los cambios de la evoluci�n (2) Posted by Hello

5 de junio de 2005

El día del medio ambiente. ¿Y qué?

¿A quién le importa una mierda el medio ambiente?

Sólo valoramos aquello de lo que carecemos, y hasta ahora el ambiente no nos ha privado de mucho. Vivimos en la tierra de la abundancia, entre campos y campos de alimentos, industrias florecientes y mercados llenos a rebosar. Vemos todo eso y pensamos que nada puede ir mal, que con tantos manjares arrancados de las entrañas de la tierra la humanidad tiene el futuro asegurado. Miramos nuestras neveras repletas, las máquinas trabajando en los bancales y las fábricas a todo gas. Mientras ello siga así, ¿para qué preocuparnos por el medio ambiente?

El problema vendrá cuando las cosas empiecen a ir mal. Es más, ya van mal, muy mal, pero el ciclo de producción, distribución y consumo se mantiene estable. Por lo menos, en nuestros estrechos esquemas domésticos. Las dificultades no tardarán en llegar, ¿y entonces qué? 'Don´t worry', dirán algunos; el ser humano siempre ha encontrado soluciones a sus problemas, ¿por qué va a ser diferente en este caso?. Aquellos que hayan tenido una vida muy material, muy arropada y segura, aislada de las estrecheces sufridas por otros, serán los que peor la pasarán. Y, lamentablemente, serán muchos.


La Tierra. ¿Podremos conservarla? Posted by Hello

La fertilidad de los campos, la contaminación, las sequías, la escasez de recursos energéticos (uf, sobre esto hablaré dentro de poco, es un tema que me estremece el alma), el posible cambio climático (otro que trae mucha tela), todo ello nos afectará de una manera muy directa (mucho más que en la actualidad). Y no se trata de ser agorero o sensacionalista; los cambios son lentos a nuestros ojos, pero ya están sucediendo.

Pero, ¿cómo va a afectarnos todo eso? ¿Lo hará a nuestro bolsillo, a nuestra cuenta corriente, a nuestras vacaciones o, quizá, a nuestros hijos? Nosotros, hijos de la sociedad capitalista, ¿qué podemos hacer? ¿Coger el coche seis días a la semana en lugar de siete? ¿Cerrar el grifo cuando nos bañamos, dos minutos antes que ayer? ¿Decirle al hijo pequeño que vaya a pie a clase y deje en paz la 'scooter'? ¿Comprar alimentos ecológicos? ¿Edificar casas bioclimáticas? ¿Qué, por Dios? Soy optimista por naturaleza, pero no veo salida; nuestras costumbres están tan arraigadas, nuestros consumos son tan exagerados, nuestras necesidades tan desmesuradas, que mi visión del futuro es pesimista. Según lo que veo, según el entusiasmo de la gente, no me queda más remedio.

Aunque tampoco es cuestión de mirar para otro lado; yo mismo vivo en una casa que dispone de dos vehículos, una pequeña residencia de verano con piscina (pese a que hacemos un uso razonable y siempre aprovechamos hasta la última gota), empleo gran cantidad de electricidad (por ejemplo, mientras escribo esto) y etc, etc, etc. Incluso los más idealistas, los más ecologistas, los mayores defensores de la naturaleza están dentro del sistema, siguiendo el juego y jodiendo al medio ambiente cuando les interesa. Eso es así, por el momento no se puede cambiar.

Cierro ya, creo que es suficiente. Hoy, 5 de junio, es el día del Medio Ambiente. Actuemos localmente, sí, pero actuemos ya, no nos durmamos en los laurales. El reto es mayúsculo, tiene visos de utopía. Mucho me temo que este siglo XXI verá en efecto un cambio. De nosotros, a partir de este mismo segundo, depende si será positivo o no.