28 de febrero de 2006

Montañas, en el recuerdo

Hace un milenio que no aspiro el olor de una montaña. El 2005 pasó casi virgen de caminatas por esos sugerentes y siempre vigorizantes paisajes. Y el 2006 parece quererme lo mismo.

Unas veces por obligaciones de trabajo, otras por falta de acompañantes (aunque nunca me han sido imprescindibles...), otras por no poder ir hasta allí (coches estropeados, coches en mal estado, coches estrellados...), y otras más por el sinfín de cosas que han llenado mi vida en los últimos quince meses.

Hay que parar. Poner el freno, gritar el "sooo" de antaño. Y volver a esas formas geológicas tan bellas, tan hermosamente modeladas, y tan repletas de sensaciones y sorpresas.

Un tiempo para cada cosa, cada cosa a su tiempo. Ahora, ya, a las montañas.

25 de febrero de 2006

Nieve de colores

En unas islas rusas la nieve ya no cae blanca, sino coloreada: negra, gris o amarilla. ¿Tiene sentido? Para los expertos este extraño fenómeno se relaciona con la erupción volcánica del Ebeko, cercano a las localidades donde se ha registrado nieve de colores. Este volcán, durante casi dos semanas, ha arrojado gases, cenizas y humo que seguramente ha causado el coloramiento de la nieve. Al menos, esto es lo que dicen los expertos.

Y es muy extraño, porque nevar nieva en muchos lugares y en muchos momentos durante todo el año, y también debe darse la situación de que, en algunos de esos lugares y momentos, un volcán entre en erupción. La explicación de los expertos es bastante aceptable, pero en Rusia nieva mucho y hay bastantes volcanes (sobretodo en la vertiente oriental). ¿Es esta la primera vez que se dan ambos factores? ¿Es la primera vez que tenemos constancia de ello?.

Todo ello, quizá porque hoy tengo la mente dispuesta a buscarle tres pies al gato, me ha hecho pensar en ciertos proyectos meteorológicos a gran escala, proyectos de cuyo origen y destino no estamos demasiado bien informados. Me refiero, en concreto, al Proyecto HAARP.

El HAARP se presentó como un proyecto destinado a modificar las condiciones de la ionosfera (la capa más externa de la atmósfera terrestre) mediante haces de partículas enviadas desde la superficie. El objetivo de esta modificación es alterar la química de la ionosfera, impedir las comunicaciones mundiales o bien causar un cambio climático global. Las posibles implicaciones son enormes, desde el control ambiental hasta cierta influencia psicológica. Pero esto es la teoría, las posibilidades hipotéticas (algunas de ellas quizá generosamente exageradas), ¿qué hay de la realidad, de los hechos?

Para obtener una visión más completa de este fenómeno, recomiendo un par de enlaces muy interesantes (ver al final del post). En la actualidad, ciertos fenómenos extraños se asocian a las consecuencias del Proyecto HAARP. Aun así, en el sitio oficial del proyecto (http://www.haarp.alaska.edu/), afirman al similar a esto: [el proyecto HAARP] no tiene capacidad de afectar el tiempo atmosférico, ni el campo magnético, ni siquiera la ionosfera más que temporalmente (las variaciones que introduce son muchísimo menores y mas locales que las variaciones inducidas en la ionosfera por la luz solar y el ciclo día/noche). Por supuesto menos aun inducir terremotos o control mental o desviar misiles. Como mucho afectará a las transmisiones de radio de la zona, y no hay peligro para al salud (si no se entra en la zona restringida donde están las antenas).

Es decir, que es absolutamente inocuo y no produce efecto negativo alguno. Pero, por supuesto, esto lo dicen los responsables del proyecto, o sea, los más interesados en darle un aspecto puramente científico (y no militar, como es en origen) al mismo. Ahora bien, hay mucho punto oscuro en este tema. Y es dificil establecer el límite entre hechos contrastados, especulación y simple paranoia. Pero ahí queda el caso, un proyecto peculiar e inquietante.

Sea como fuere, esta nieve de colores me ha hecho reflexionar con alguna conexión entre ello y el proyecto HAARP. Sé que es muy improbable, pero no me convence la versión oficial. Todo muy controlado, todo perfectamente inofensivo, todo demasiado claro. ¿Quién puede saber los efectos, a largo plazo, de un proyecto que nunca antes se ha puesto en marcha? ¿Hay alguna forma de saber lo que va a suceder en el futuro desconociendo, por ejemplo, los entresijos de la maquinaria climática? Repito, no me convence. Quizás la realidad sea mucho más prosaica, y en verdad todo el proyecto tenga finalidades pacíficas y en pro de la Humanidad. Sin embargo, sigo inseguro.

¿Nieve de colores debido a erupciones volcánicas? Por supuesto, puede ser, pero no por ello dejan de sorprenderme algunos proyectos cuya finalidad no está del todo clara y cuyo tufo militar siempre provoca recelos, desinformación y consecuencias nunca sufucientemente divulgadas.

http://www.astroseti.org/todoscom.php?codigo=1697
http://presencias.net/indpdm.html

18 de febrero de 2006

Regreso al Cosmos

Anoche miré el cielo. Hacía un mes que no ponía mis ojos en él, excepto breves momentos en los ocasos o cuando me encontraba melancólico.

Anoche, gracias al seco y estimulante poniente, el firmamento se abrió, se liberó de nubes y dejó paso a las luces del infinito. Aún de día saqué los trastos, me senté a esperar y se me dibujó una media sonrisa; si alguien, en la sempiterna oscuridad, me hubiese visto, seguramente hubiera creído que estaba un poco majara. Sonreía porque volvía a los días de antaño, a aquellas largas y frías de noches de invierno en las que, arropado por los chaquetones y las estrellas, dirigía la mirada hacia arriba, buscando no sé aún muy bien qué. Anoche volví a buscar; quizá haya encontrado algo.

Hubo un instante, tras explorar Orión, Liebre, Casiopea y Andrómeda, que me entró el vértigo. El Cosmos no es desconocido para mí, o al menos no demasiado, pero entonces tuve la súbita impresión de que hacía el tonto con el reflector de 70 mm, con los mapas y los catálogos. El Cosmos me superó. Me barrió de la faz de la Tierra y entré, por un instante, en un paraje desconocido. Perdí el sentido del mundo terráqueo y me abrí al Universo, y los sentidos explotaron de tanta sensación y sentimiento.

Comprendí (por milésima vez), que la mayor gloria de la Humanidad no es estar dotada de sublime inteligencia, de saber narrar y expresar lo inefable, de construir y viajar hasta lo desconcido, o de conseguir la paz en días de guerra; la mayor gloria de la Humanidad es que somos seres conscientes de nosotros mismos y que, quizá desde antes mismo de la aparición de la razón, entendemos cúal es nuestro origen profundo, ligado, como bien intuyeron los pensadores de antaño, a las raíces del Universo. Que todo es una unidad, un mismo ser, que la muerte no existe sino como un tránsito, y que el Universo, como no podía ser de otra manera, nos sigue llamando para que penetremos en él.

De entre tanta luz estelar, iluminado como nunca jamás lo ha conseguido un mortal, salí feliz de mi encuentro con el Cosmos. Un encuentro sencillo, directo, sin añadidos ni aditivos, el enlace que necesitaba desde hacía tiempo. Caminé despacio hacia el coche, echando los últimos vistazos al firmamento; subí, arranqué y cuando, ya en casa, entré en la cama, miré hacia arriba y lo ví.

Por entre los intersticios de la persiana alumbré negrura y luciérnagas, principio y fin. Mi origen y, quién sabe, si mi destino.

15 de febrero de 2006

El saber de la fe y la razón

¿Cómo, en efecto, podrá caminar por el recto sendero que a la verdad conduce, aquel que se satisfaga con la ciega sumisión a los textos revelados y rehuya el empleo de los métodos de investigación y razonamiento? ¿Ignora, por ventura, que la ley revelada no tiene más fundamento que la palabra del Profeta y que la veracidad de éste no puede ser conocida sino por las pruebas apodícticas de la razón? ¿Ni, como atinará tampoco en el recto camino de la verdad aquel que al dictamen escueto de la razón se atenga y se limite, sin dejarse alumbrar por la luz de la revelación?.

Porque, vengamos a cuentas: ¿cómo buscar refugio en la razón contra la ignorancia, si adolece de ceguera y limitación? ¿Ignórase, acaso, que la capacidad del intelecto humano es más bien exigua y que su esfera de acción es estrecha y reducida? ¡Ah, y cómo fracasa cuando busca la certeza infalible y como tropieza a cada paso en las falaces huellas del error todo el que no concilia estas divergencias mediante la armonía entre la razón y la revelación! Porque el entendimiento humano es como la vista sana, exenta de defectos y dolencias, y el Alcorán es como el sol que derrama por doquier los rayos de su luz.

Y por eso, al que busca el camino recto de la verdad prescindiendo de uno de estos dos luminares, has de encontrarlo siempre formando parte de la turba de ignorantes, pues si rehuye el empleo de la razón y se satisface con la sola luz del Alcorán es como aquel que se pone frente al sol, pero con los ojos cerrados, que en nada se diferencia de los ciegos; y pues la razón, junto con la revelación, es luz sobre luz, el que con el ojo tuerto dirige su mirada a una de esas dos luces exclusivamente, queda sumido en las tinieblas del extravío.

ALGAZEL, místico y filósofo musulmán (1058-1111)

12 de febrero de 2006

La libertad, el fundamentalismo y la visión cósmica

Estos días se viven momentos de furia, sed de sangre y enfrentamiento. Todo nace de una afrenta desafortunada, quizá ingenua y seguramente evitable. Pero la reacción aún ha sido más desafortunada; ya han muerto diez personas en Afganistán, el Líbano y Somalia.

Desde Occidente se habla de libertad de expresión, y desde Oriente responden que en temas sagrados hay que respetar y limitar el poder de la palabra y la imagen. También responden de maneras más violentas e incomprensibles, auspiciados y exaltados por líderes religiosos, destrozando lo que encuentran a su paso, incediando y, al parecer, a partir de ahora, boicoteando los productos que lleguen a su país desde Escandinavia.

¿Ha nacido, si es que no lo había hecho ya, el gérmen de la eterna incomprensión entre ambos hemisferios? Unos, tontamente, publican unas caricaturas de un Dios incaricaturizable, y los otros amenazan con bombas, terrores y venganzas. Unos piden libertad y otros respeto. Ni nosotros los entendemos a ellos ni ellos a nosotros, y en ese ambiente es fácil que surjan las disputas. El problema feo, grave, complejo, viene de la evolución de unos y otros; Occidente ha podido evolucionar social, económica, científica y, aunque menos, también religiosamente. Oriente, y en particular el mundo musulmán, no. Les falta el aliento del aperturismo intelectual y social que Europa ha vivido en los últimos cuatro siglos. Mientras predomine tan férreamente la visión teológica, las doctrinas religiosas y las enseñanzas esclavizantes, será dificil que entiendan el significado de unas viñetas en un periódico. Tal vez, una religión más abierta ignoraría representaciones gráficas blasfemas de su líder espiritual, porque entendería que lo importante es el sentimiento de fe, no un trozo de papel que se quema o destroza con facilidad. Pero, quizá, esa religión aún no existe.

También corroe que Occidente hable ahora de libertad, justo cuando las libertades indivuales y colectivas están más maniatadas que nunca. Hablan en nombre de la libertad de expresión como sus adalides modernos, y en cambio huyen de ella y la rechazan siempre que pueden en los momentos que les interesan. La hipocresía y la falta de coherencia sigue siendo, por supuesto, uno de los baluartes del sistema occidental.

Y, entretanto, la visión cósmica como mejor medicina, la comprensión de nuestra pequeñez, la idiotez de las diferencias que nos separan. Hay que ver que el mundo es uno, entender la unidad de la Tierra, y aunque los problemas deben existir para nuestra evolución, tenemos el reto de impedir que esos problemas nos superen. Descubriendo el Cosmos uno se da cuenta de que no hay imagen, ni palabra ni Dios que sea capaz de romper la realidad; la realidad de un precioso e insignificante mundo azul entre un sinfín de estrellas, y la realidad de una Humanidad que, pese a los esfuerzos de despreciables fundamentalistas y torpes periodistas, está condenada a entenderse.

3 de febrero de 2006

La loca informática

A trompicones, con desconexiones, bloqueos e inesperados reinicios consigo aupar este post hasta la vida blogera. Cuesta. Ya no es lo de antes (pam, pam y listo), ahora hay que acariciar el ratón, teclear ligeramente, y cruzar los dedos a la espera de que tras pulsar "Publicar entrada" la cosa salga en la pantalla y no se pierda en el mar del olvido informático.

Mi ordenador, jóven y en principio aún rentable, está enfermo. Cuando menos lo esperas surge un nuevo problema; dificultades en la conexión a Internet, monitor congelado, reinicios sin sentido, mensajes de virus peligrosísimos, ventanas que no muestran sino una pantalla en blanco, etc. Le explico al técnico lo que sucede y casi se ríe. Es que es de risa, tras mes y medio luchando y brincando, llevando un día sí y otro también el aparato al "taller", al final resulta que está mucho más pocho que al principio. De nada han servido los parches, los formateos del disco duro, el nuevo módem, los antivirus o los antiincordios. Empezamos mal y seguimor peor. Suerte tengo que puedo entrar en Internet unos minutos. Antes era un problema, ahora son mil.

Estoy harto de las visitas a la tienda, que no conducen a nada más que un "tráelo y lo miraremos", una factura y la frustración de saber que al día siguiente saldrá algo más y volverán los problemas. Quizá lo mejor sea patearlo (al ordenador, no al técnico...) y rascarse el bolsillo en busca de algo que funcione mejor (tampoco debe ser tan dificil). Cuando todo marcha bien, es decir como toca, la vida informática es apacible y fructífera. Cuando va mal más vale que nadie se ponga por delante. Irrita sobremanera, por ejemplo, no poder incluir fotos en los posts.

Pero bien, al menos esto se mantiene vivo, aunque en ocasiones parezca que perece. Cuando vengan tiempos mejores el brillo del Cosmos y la pluma del hermitaño se fundirán de nuevo y abriremos la ventana del Universo para todos aquellos que quieran, a hurtadillas, echarle un bien vistazo.

Quizá no falte mucho para ello.

29 de enero de 2006

Vuelvo (de momento...)

Tras un mes de interminable y angustioso silencio, provocado por un sinfín de fallos informáticos, vuelvo a postear en este blog, que ya casi me parece ajeno.

Fue repentino; tan pronto un día, el 26 de diciembre del año pasado para ser concretos, navegaba a placer por el mar de Internet como al siguiente me corroía pensando la forma de no perder todo el disco duro y poder volver a emplear útilmente mi ordenador. El motivo del desastre lo desconozco; quizá se debió a la entrada de algún troyano juguetón y capullo (hacía más de un año que no actualizaba el antivirus...), quizá fue la consecuencia de los tres apagones casi consecutivos que sufrió el pobre artefacto ese mismo día 26. Quizá fuera por algún otro motivo que seguirá en la oscuridad para el resto de la eternidad.

El caso es que hubiese querido colgar el cartel de "cerrado", para que la gente asidua a este blog (es decir, yo mismo y algún otro que no sabe muy bien en qué emplear su tiempo...) no 'sufriera' ante lo que podía ser una larga ausencia. Pero me fue imposible. El ordenador mostraba el escritorio tras unos 35 minutos de espera (no es broma), y estuve algo más de siete horas para llenar un cd-rom con algunos de los datos y archivos más importantes del disco duro. Al final, hice lo que me aconsejaron muchos: formatear el disco y arrancar de cero. Tardé cuatro días, a regañadientes, y cuando, por fin, me volví a conectar a Internet... ¡¡el cacharro se bloqueó de nuevo!! Vuelta a empezar todo el proceso. Ahora, menos confiado y reticente a descargar cualquier cosa, he cambiado el módem, he instalado antivirus hasta para los altavoces, y voy con tiento en cada página a la que entro.

Estoy sin messenger (llevo 35 días sin acceder al correo [¡¡Bon viatje, catalans!!]), y en ocasiones la conexión se pierde por completo, la pantalla se bloquea y hay que reiniciar (espero que no suceda tras escribir esto...). Quizá tarde un tiempo en volver a postear porque depende de cómo transcurran los próximos días y de cómo responda el cacharro, así que esto es sólo un testimonio para asegurar que mi silencio no es debido a un enloquecimiento por hermitañismo, ni a un exceso de bebida o de una vida alejada de la escritura y de la reposada existencia, es, tan sólo, un mensaje para advertir a la masa que aún no he sucumbido.

Regresaré, cuando sea, con nuevos bríos y mundos por explorar.

Hasta pronto.

26 de diciembre de 2005

Navidades solitarias



En estos días de felices Navidades y prósperos años nuevos, suelo recordar a las gentes solitarias, a los que no tienen a nadie a su lado, aquellos que, en días de reuniones familiares y reencuentros de bienaventuranza, ellos mismos son toda su familia.

Nosotros, los afortunados, vemos caras conocidas, a veces agradables, otras no tanto. Deseamos a todos lo mejor para el futuro (aunque en ocasiones, por lo bajo, queramos que desaparezcan para siempre...), y esperamos volver a reunirnos una vez más, al cabo de 365 días. Los corazones solitarios de que hablo (gente mayor, solteros y solteras maduros, gente joven desarraigada y huérfana) lo tienen más complicado. Siempre hay la posibilidad de encontrar apoyo y afecto mutuo entre personas de su misma situación, pero en general resulta harto difícil. Ya sea porque se han distanciado demasiado de sus raíces, porque se han enfrentado con ellas, por motivos personales, o simplemente por el paso del tiempo que les ha vuelto caducos y molestos para sus allegados, la cuestión es que pasan solos estos pocos días de contacto humano, y eso me entristece.

No es plan tampoco ser amable y benevolente con ellos (por ejemplo, algunos hijos con sus padres en la residencia de ancianos) sólo en Navidades y, en cambio, olvidarlos el resto del año. Esto es igual de aplicable a “ser bueno” para con los demás sólo del 25 de diciembre al 6 de enero. La Navidad, si no se toma con precaución, es igual de perjudicial como los medicamentos; hay que impregnarse de su aroma y absorber la esencia que desprende, pero también es necesario saber leer entre líneas, so pena de perder de vista el sentido común y entrar de lleno en el egoísmo y la hipocresía.

Yo, mientras tanto, prosigo con mi hermitañismo, más acompañado que nunca, por obligación y, lo he de reconocer, por gusto. Uno ha de vivir solo cierto tiempo, aislado, conocerse a sí mismo, pero también precisa de la presencia de otras gentes, otras mentes. La clave, seguramente, está en no dilatar demasiado el periodo de soledad o de gregarismo, sino equilibrar ambos, consumirlos en su justa medida y apreciar lo que de bueno poseen. Por eso siento pena por los que pasan sus navidades solos, o acompañados tan sólo por una enfermera, una jeringuilla o un perro manso, siempre que no lo hayan deseado por ellos mismos o no hayan querido evitarlo. Es como perder parte de la vida; hay que estimar al ser humano, y aunque cierta gente sea solitaria por naturaleza (yo mismo...), sienta muy bien unirse al gentío familiar y gozar la compañía en la medida de lo posible.

La Navidad es, sin duda, la mejor época para hacer esto realidad.

21 de diciembre de 2005

Cerca, lejos y más allá



Vagamos en medio de una gran oscuridad espacial; sólo la rompe, en las cercanías, la presencia del Sol. Si él no existiera, obviamente, no estaríamos aquí, pero tampoco habría aparecido la vida, ni siquiera los depositarios de esta, los planetas. Hace miles de años, en los remotos orígenes de nuestra civilización, cuando los palos y las piedras eran útiles prácticos y eficientes, ya sabíamos que de la brillante estrella amarilla procedía todo: vida, materia y consciencia. Fue el primer dios en ser adorado, la primera deidad en cuya veneración los humanos confiaron su destino. Muchos filósofos de la Grecia clásica, más de dos mil años atrás, empezaron a estudiar el Sol para conocer algunas de sus características; las primeras en descubrirse fueron la distancia y su tamaño. Resultó que el Sol, sólo una estrella entre muchas, era más grande que la Tierra y se hallaba más lejos de lo que jamás habíamos soñado. Esto fue el principio para cambiar mucho de lo que presuponíamos del Universo.

Hoy en día ignoramos al Sol; es lógico, porque hoy en día ignoramos casi todo. Nuestra vida diaria nos deja poco tiempo para reflexionar, para meditar acerca de los cambios que han supuesto ciertas transformaciones de nuestro saber. Al mismo tiempo, parece que la Tierra se nos ha quedado pequeña; la tecnología permite ya a varios de nosotros (los ricos muy ricos...) abandonar la Tierra por un tiempo, a modo de astronautas aficionados. Es una experiencia que puede cambiar, a su vez, toda nuestra vida. Viajar hasta más allá queda limitado al futuro, quizá lejano. Acercarnos a las estrellas es un deseo comprensible pero muy complejo. Si queremos llegar a las orillas de otros mundos extrasolares, deberemos superar muchas barreras que, hoy por hoy, son insalvables.

El Sol marca el primer límite de nuestro espacio cercano; escapar de su influencia es el paso imprescindible para emanciparnos de su luz y energía. Me imagino a aquellos que, dentro de un tiempo indefinido, echen un vistazo hacia atrás y contemplen los últimos resplandores del Sol, perdido entre un mar de estrellas y vacío; roto el lazo, por fin, quedamos libres para ir en busca del infinito.

17 de diciembre de 2005

Buenos silencios



Hará un par de años vivía justo en el piso superior al mío una vecina realmente encantadora; aplastaba el silencio diurno y nocturno con sus infinitos tacones y movía los muebles con una irritación que jamás he visto en otro ser humano. Prácticamente los cambiaba de lugar en cada ocasión: mesas, sillas, estanterías., etc.

Mis padres se deprimían cada vez que la oíamos entrar en casa; sabíamos que íbamos a soportar un par de horas de ruidos continuos, destructivos, histéricos e idiotizantes. Le dijimos en varias ocasiones, a veces en broma y a veces en serio, que intentara suavizar un poco su enemistad con el silencio, que trarara de quitarse los zapatos más pronto, que aislara el suelo, que se mudara o que se disolviera en aire, para beneficio nuestro y de la Humanidad. No hubo manera.

A mí no me molestaba el ruido que hacía hasta que cumplí los 21 o 22 años. Hasta entonces oía el ruido, pero lo ignoraba. A partir de ese momento mi vida cambió; apenas podía dormir (a veces la vecina llegaba a las dos de la madrugada y tardaba una hora en descalzarse; no se oía nada más que el fuerte repiqueteo de sus tacones), no era capaz de estudiar, incluso algo tan sencillo como leer un libro era un suplicio porque estaba acompañado de varios "nick", "nack", "bum", "cabum" y otras lindezas sonoras por el estilo.

Estuve a punto de sugerirle que cambiáramos de piso durante algunos días; yo me mudaba al suyo y viceversa, y haría el mismo ruido que ella, por la noche incluido, a ver si de esa manera adquiría el hábito de la empatía. Pero, de la noche a la mañana, vi un par de camiones de mudanza absorber los trastos del piso de arriba y ya nunca más supe de esa tipeja. Creo que ahora vive en un primer piso, menos mal.

Como buen hermitaño que soy, valoro el silencio como algo sagrado. Entiendo que en la sociedad actual el silencio no está de moda porque te permite parar y pensar, y eso hoy en día es malo. Así que, por unos motivos u otros, no hay silencio, sólo existe cuando le dejan vivir, casi siempre en cortos intervalos durante la noche, entre la danza de coche y coche. Lo cual es terrible, porque es más lógico en una sociedad humanizante que lo raro, lo extraño, sea el ruido. Si sucede exactamente lo contrario es debido a que desconocemos el silencio, a que jamás lo hemos probado en realidad, a que nos mueven, quienquiera que sea, hacia su opuesto porque así somos gentuza manipulable y sodomizable.

No es que se desprecie un volumen alto, un grito o una maraña de voces cantando villancicos, nada más lejos de la realidad. Es que el silencio nos permite elevarnos por sobre la mediocridad que nos rodea, ver más allá y anhelar con llegar allí. Vivir únicamente enmedio de ruidos aniquila el alma, emprobece el intelecto y, como dije hará unas semanas no deja a uno vivir realmente.

Así que oigamos el silencio, y crezcamos.

14 de diciembre de 2005

Giros



Aquí todo se mueve: los humanos, con sus quehaceres y sus problemas; las estrellas, hacia donde les lleve su camino; las galaxias, obligadas por la gravedad a rotar sobre sí mismas; el Universo en sí mismo, seguro, también se mueve.

Nada parece estático, nada es para siempre. Un segundo después de nuestro paso por un lugar del espacio ya estamos a millones de kilómetros de allí; un segundo también es capaz de trastocar (o finalizar) una vida humana.

Una galaxia como la de la foto, M 51, que no es más que un gran racimo de estrellas, gas y polvo, gira y gira sin parar ondeando sus brazos espirales al ritmo de vientos cósmicos invisibles.

Nosotros también seguimos girando. A veces lo hacemos demasiado rápido y nos mareamos, perdiendo el norte. Otras lo hacemos tan lentamente que parecemos tontos, bobos en medio de un orden y una creación inefables e inalcanzables.

Los giros mueven el Cosmos, lo mantienen ágil y en forma. M 51 continuará girando, removiendo su gas nebuloso hasta dentro de tanto tiempo que el tiempo mismo ya no existirá. Nosotros también debemos seguir girando; en ello consiste, a fin de cuentas, esto que se llama vida.

11 de diciembre de 2005

Preguntas



Me pregunto quién habrá ahí fuera.
Me preguntó cómo serán.
Me pregunto cuál será su origen.
Me pregunto si reirán.
Me pregunto por qué no han llegado aún.
Me pregunto si sabrán amar.
Me pregunto desde cuándo saben que estamos aquí.
Me pregunto cómo nacerán.
Me pregunto si tienen recuerdos.
Me pregunto si morirán.
Me pregunto si comprenderán el por qué.

Y también me pregunto si, por fin, algún día nos conoceremos.