15 de enero de 2007

De regreso, por fin

Bien, por fin. Casi cuatro semanas después he podido volver a entrar en Internet. Debido a unos problemas absurdos, irritantes y nada sencillos en apariencia, y por unas maneras bastante torpes por parte de los responsables, he pasado 25 días en blanco, sumido a veces en cierta desesperación ante lo que parecía una dificultad sin solución.

Ha habido novedades en este tiempo de silencio. Aquel compañero que anhelaba saltar a la vía del Gran Viaje ha tenido que desistir, de momento, tras un periodo de estira y afloja en el que el sueño simulaba ser real. No, no por ahora. El Viaje llegará, pero tiempo al tiempo.

Por otra parte, ahora, hoy ya, estoy sumido en horas de profundo aprendizaje, en vistas a realizar esas triviales y en absoluto representativas de tu saber pruebas escritas que dan por llamar exámenes. En una semana se me echan encima, y yo aún ando a medias, a oscuras, iluminado por una vela; en mí manda el gusto por hacer de mí mismo, en base al aprendizaje, alguien que antes no existía, pero la enseñanza obliga a pensar en pruebas que no sirven más que para una simple e incompleta orientación de tus conocimientos. Transcurre mi vida entre pensamientos de Sócrates, lecciones sobre la no-dualidad de las filosofías orientales, nociones sobre reglas de inferencia, meditaciones acerca de la vida virtuosa según Aristóteles, algunos conceptos de antropología del lenguaje... y todo ello endulzado con los textos de Paul Davies e Italo Calvino, unas páginas de Bécquer y la visión de la Luna mientras me duermo.

Vienen días de obligaciones, lejanos los tiempos del saber por el saber. Nos hacen vivir pensando en lo nimio, lo banal de una prueba escrita; nos jugamos medio curso en un par de horas, como si en lo que uno se convierte tras aprender pudiese plasmarse en un cuatro páginas blancas. No, es imposible. Cada vez que leemos un libro, o examinamos el pensamiento de un autor, cada vez que releemos un capítulo que nos gusta o buscamos una idea de aquél escritor nos debe mover el impulso de ser mejores, de elevar nuestra cima intelectual, de alcanzar cierto orgasmo mental. No podemos simplificar algo tan extraordinario y querer vomitarlo en un exámen; el intelecto sufre cuando se enfrenta a ellos, no por falta de saber, sino porque le instan a ceñirse en demasía, a rebuscar, a hurgar en su interior en busca de soluciones a cuestiones intrascendentes.
Es lo que siempre odiaré de la enseñanza estructurada y regida por pruebas escritas. No hay voluntad de mostrar en qué te has convertido, cómo te has transformado tras el aprendizaje; sólo se quiere la demostración de que has seguido lo establecido, que has continuado por el camino ya marcado, que has estudiado lo que te mandan, no lo que nace de tí. En suma, se valora que hayas seguido las normas, siendo un fiel y devoto individuo dispuesto a tragar y tragar sin parar, con la vista puesta en el aprobado, superar el curso y alcanzar la licenciatura.

Ése, en efecto, es el procedimiento completo y total para formar personas íntegras y maduras en una sociedad como la nuestra. Es lo que se espera de nosotros. Venga, pues.

5 comentarios:

José A. Peig-El múltiple dijo...

Ya era hora.

Seguimos en la lucha.

Morpheus dijo...

Estoy completamente de acuerdo contigo! Opino que el aprender debe d ser algo que surja de uno mismo. De hecho, estoy aprendiendo más filosofía gracias a ti que a mi asignatura. Como dijo Galileo: "No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo"

Aquí tienes mi opinión (muy parecida a la tuya), no recuerdo si ya te pasé el enlace, si me repito, lo siento

Un saludo, y te deseo lo mejor en los exámenes

elHermitaño dijo...

Gracias a ambos por los comentarios.

Y me alegro mucho, Morpheus, que mis notas de filosofía sirvan para alguien más que a mí mismo. Lo que sí debo decir es que, en realidad, la filosofia se la enseña uno mismo (o, según Kant, que sólo se aprende a filosofar), más que gracias a otros.

Con todo, gracias de nuevo. Por cierto, muy buena la frase del pisano... :).

Abrazos a ambos, y hasta pronto!

Un saludo

sapo dijo...

leyendo tu estupendo post,me he acordado de un parrafo extraido de un librito llamado¨buenos dias pereza-, de corinne maier:
¨sólo el alumno que ha sido capaz de soportar durante cierto número de cursos la estupidez de sus maestros y el instinto gragario y espíritu d e imitación de sus compañeros ,será capaz de vivir durante unos 30 años mas en un entorno empresarial ,con su jerigonza,y sus tareas repetitivas.Porque eso es lo que se espera de tí,ahora que la mayoría de las profesiones ya no exigen un elevado nive de cualificación técnica o intelectual.Son basicamente una rutina ....."
habla de la empredsa basicamente,y en Francia,pero es extrapolable, a la sociedad o lo que sea,y a la universidad

elHermitaño dijo...

Gracias por la frase, sapo. No conocía ni la cita ni a su autora, pero resume bastante bien la situación que muchos han vivido o viven mientras duran sus "estudios".

Saludos.